domingo, 25 de enero de 2009

Participación y Gestión Social para la Transformación Emancipatoria

Autores:
Picott R., Maryorie E.
Méndez M., Danny S.
Méndez M., Lira C.
Chacón Rodolfo

En Venezuela se viene promoviendo un proceso de refundación nacional que exige la transformación ciudadana y la participación pertinente del sector universitario en la vida social. Si bien, la interacción comunitaria ha estado asociada a la labor extensionista, consideramos útil revisar de qué manera se ha desarrollado esta responsabilidad institucional. La Extensión Universitaria en nuestro país tiene historia y esta historia, como otras en la experiencia nacional, podría ser el resultado de la inicial adopción de teorías y prácticas ajenas. En un intento interpretativo de los planteamientos expuestos por Tunnermann (1981), tal fenómeno podría ser la consecuencia de la búsqueda de patrones ideales de eficiencia en las experiencias de países desarrollados. De tal manera que, ubicado el origen extensionista de la Universidad en el contexto geo-histórico mundial asociado a la Revolución Industrial podría definírsele, en principio, como el conjunto de intentos por desarrollar una experiencia de enseñanza no formal que permitiera mostrar las ventajas de la formación universitaria, de nuevas técnicas de producción, a un número mayor de usuarios miembros de la colectividad no académica dentro de un modelo economicista y de dominación. Estos intentos formativos, paulatinamente se convirtieron en acciones con cierto valor curricular que, luego, se complementaron con la “prestación de servicios de investigación básica y aplicada; desarrollo tecnológico; análisis y asesoría en proyectos específicos, así como tareas de acompañamiento y evaluación de estos” (Valdivieso, F., p.19). No obstante lo dicho, Valdivieso (2002) y Sánchez (2003) aseguran, que la visión extensionista venezolana, resulta del contexto histórico latinoamericano de principios del siglo pasado, signado por las particularidades del sistema económico, político y su incidencia en la realidad social que permite, según los autores, atribuir a la Universidad latinoamericana en general y, en particular, a la universidad venezolana un carácter de vocación social de alto impacto, al punto de convertirla en su tercera función sustantiva, junto a la docencia y la investigación. Así, la extensión, hubo de ser concebida desde entonces, como una oportunidad de integración entre la universidad y su entorno social, con el fin de dar respuestas adecuadas a sus demandas formativas en el entendido que, las Instituciones de Educación Superior desde un modelo conceptual iluminista, albergan el saber y definen los destinos de la nación. De allí, que no resulta extraño, señalarle como la relación bidireccional en la cual la sociedad es un sujeto de problemas que al comprender la necesidad de tener apoyo para desarrollar sus propias fuerzas creativas, ve a la Universidad como una aliada natural que posee intereses complementarios con los suyos. Estas políticas institucionales, de las cuales subyace una concepción intervencionista de la misión universitaria hacen, por una parte, pensar en las Instituciones de Educación Superior como organizaciones idóneas para la solución de los problemas sociales gracias a su comprometida mediación científica y tecnológica, y por la otra resultan insuficientes para definir el alcance de la Extensión universitaria que, en 1949, con ocasión del primer Congreso de Universidades Latinoamericanas (reseñada por Sánchez, 2003), se instituye como función social de la Universidad y posteriormente, en 1957 y como resultado de las disertaciones propuestas durante la Primera Conferencia Latinoamericana de Extensión Universitaria e Intercambio Cultural realizada en Chile, llegó a ser descrita: (…) según su naturaleza, como misión del Sistema de Educación Superior. Por su contenido y procedimientos, como el conjunto de estudios y actividades filosóficas, científicas, artísticas y técnicas, mediante el cual se exploran y recogen del medio social, nacional y universal, los problemas, datos y valores culturales que existen en todos los grupos sociales. Por su finalidad, como actividad proyectiva, dinámica y coordinada de la cultura y de sus vínculos con la Universidad, en procura de estimular el desarrollo social, la elevación del nivel espiritual, intelectual y técnico de la Nación para proponer soluciones a los problemas de interés general (p. 84). Más recientemente, durante el IV Congreso Iberoamericano y del Caribe de Extensión Universitaria realizado en Caracas (1999), se hizo énfasis en la necesidad de promover la integración permanente de las actividades docentes, de investigación y de extensión; la integración de esta última en el currículo; la creación de un marco de políticas, estrategias y reglamentación en cada Institución de Educación Superior para que la formación de los profesionales universitarios pueda fortalecerse en las interacciones con las comunidades durante su preparación, mientras se atiende la problemática social en procura de soluciones. Es decir, con el ánimo de egresar profesionales capaces de transformar, cuando el proceso de reconstrucción socio-política de Latinoamérica, y en particular el proceso de refundación nacional, exigen la transformación y participación pertinente del sector universitario. En este orden de ideas, al hacer un análisis del marco legal venezolano, encontramos que en el Preámbulo Constitucional (1999) se señala que: (…) el fin supremo del pueblo de Venezuela es refundar la República para establecer una sociedad democrática, participativa y protagónica, multiétnica y pluricultural en un Estado de justicia… que consolide los valores de la libertad, la independencia, la paz, la solidaridad, el bien común, la integridad territorial, la convivencia y el imperio de la ley para esta y las futuras generaciones(…). Un mandato de tal magnitud, supone cambios estructurales, conceptuales, actitudinales, aptitudinales y procedimentales de todos los sectores nacionales; supone la profundización de los procesos educativos para la formación de un ser con competencias en el reflexionar y en el accionar que orienten hacia la corresponsabilidad y la participación protagónica del colectivo y esta participación, quizá, trasciende el asistencialismo solidario que ha caracterizado nuestro quehacer extensionista y tal vez exige una nueva concepción del aprendizaje y la investigación, más allá del discurso, que como propone, Morín (citado por Prado, 2008) al hablar sobre la educación y cuestionar la concepción educativa que se ha venido aplicando podría sustentarse en el auspicio de la crítica ante el conocimiento; en la búsqueda de un conocimiento pertinente; en el aprendizaje de la condición humana y la identidad terrenal para enfrentar las incertidumbres; en las competencias en y la ética del género humano. Este planteamiento pareciera hacerse evidente, cuando el texto constitucional (1999) en el Capítulo VI “De los Derechos Culturales y Educativos”, específicamente en el artículo 102, al referirse a la Educación le describe como: Artículo 102: La educación es un derecho humano y un deber social fundamental, es democrática, gratuita y obligatoria. El Estado la asumirá como función indeclinable y de máximo interés en todos sus niveles y modalidades como instrumento del conocimiento científico, humanístico y tecnológico al servicio de la sociedad. La educación es un servicio público y está fundamentada en el respeto a todas las corrientes del pensamiento, con la finalidad de desarrollar el potencial creativo de cada ser humano y el pleno ejercicio de su personalidad en una sociedad democrática basada en la valoración ética del trabajo y en la participación activa, consciente y solidaria en los procesos de transformación social consustanciados con los valores de la identidad nacional, y con una visión latinoamericana y universal. El Estado, con la participación de las familias y la sociedad, promoverá el proceso de educación ciudadana de acuerdo con los principios contenidos de esta Constitución y en la ley (subrayado nuestro). La Ley de Universidades (1970), señala por su parte que: Artículo 3: Las Universidades deben realizar una función rectora en la educación, la cultura y la ciencia. Para cumplir esta misión, sus actividades se dirigirán a crear, asimilar y difundir el saber mediante la investigación y la enseñanza; a completar la formación iniciada en los ciclos educacionales anteriores; y a formar los equipos profesionales y técnicos que necesita la Nación para su desarrollo y progreso (subrayado nuestro). La interpretación de esta norma, a la luz de los postulados constitucionales y del contenido del documento sobre “Políticas para el Cambio y el Desarrollo de la Educación Superior” (citado por Palencia, J., 1990) presentado por la UNESCO, donde se propone como objetivo de la Educación Superior brindar más respuestas a los problemas que enfrenta la humanidad y a las necesidades de la vida económica y cultural y donde se insta la búsqueda de pertinencia en el contexto de los problemas específicos de determinada región, país o comunidad, nos obliga a revisar la función rectora que por ley se nos impone cuando (…) la Universidad como casa de estudios se vincula más con el concepto de estudio de las disciplinas que con su sentido cultural más amplio (Palencia, J., 1990, p. 370). De la revisión hecha en los archivos de la Dirección Nacional de Extensión de la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez (UNESR), y de la valoración de los proyectos presentados para su consideración, se desprende que las actividades de extensión de la UNESR, han estado relacionadas con las actividades prácticas desarrolladas por participantes y facilitadores en las comunidades en el marco de los cursos que forman la propuesta curricular de las oportunidades de estudio que nuestra Institución ofrece, generalmente de corte intervencionista, de carácter asistencial, de divulgación de conocimientos, de investigación. Además de lo dicho, los proyectos extensionistas aludidos, no muestran relación con las necesidades sentidas por las comunidades y parecieran planificarse, en su mayoría, desde la visión del proponente-facilitador. A pesar que, la Extensión Universitaria Ueserrista, pretende justificar pertinencia y compromiso social, muchas veces (…) adopta una posición paternalista, de dominación cultural (Tunnerman, 1981 pp.50-51) o asistencialista. Esta visión limitada de la Extensión Universitaria pone en riesgo la misión institucional, frente a una sociedad globalizada donde, en palabras de Mariña (2006), el saber está vinculado al quehacer del individuo; el conocimiento, las ideas y el pensamiento están en el espacio por tanto es menester una Educación Superior que, en materia del crecimiento humano valore al individuo, interpretando a Morín (citado por Prado, 2008), como ser físico, biológico, psíquico, cultural, social, histórico, le permitan aprehender lo que significa ser humano y garantice el mejor disfrute de la espiritualidad, del bienestar cultural, de la riqueza intelectual y para mejorar su relación con otros como individuo diestro en competencias tecno-productivas y socio-políticas. Entonces, se supone el momento de la integración de la Docencia, la Investigación y la Extensión desde un enfoque sistémico, capaz de revertir la idea del asistencialismo, como premisa básica de la función de extensión, y sustituirlo por el concepto de transacción social, desde el cual la experiencia académica e institucional pueda ser sistematizable y contrastable por cualquiera y por todos, que nos conduzca, ya no a hablar de la Extensión como función o misión social, sino como un subsistema que transactúa junto a otros dentro del sistema Educativo Superior. Consolidar una comunidad universitaria comprometida con la problemática social, que es la suya, como producto de la reflexión individual y colectiva. Es necesario pensar la Educación Superior, siguiendo a Mariña (2006), como: (…) el destino final que, en materia del crecimiento humano, debería aspirar todo individuo como requisito para un mejor disfrute de la espiritualidad, del bienestar cultural, de la riqueza intelectual y para la formación de un mejor ser humano en su relación con otros y como individuo diestro en competencias tecno-productivas y socio-políticas … un proceso educativo vinculado al quehacer, al deseo, aspiración, aptitudes y capacidades de participar(…) El objetivo de la Educación Superior debe entonces basarse en el co-acompañamiento y el diálogo de saberes bajo condiciones que satisfagan las exigencias reales y potenciales del País y de cada quien. Si “el saber, como el agua o el oxígeno” (Mariña, 2006), debe estar al alcance de todos, la Universidad como parte del todo, requiere valorar el saber popular para transformar, mientras se transforma en un espacio incorpóreo de socialización y generación del conocimiento, que como señala Prado (2008): (…) active los cambios societarios necesarios para impulsar nuevos modos de pensar, de sentir, de vivir y convivir. Que asuma el hecho educativo como social, ético, político, cultural y espiritual y por ende active una conciencia transdisciplinaria, pluripolar, ecologizante y colectiva. Que revalide la Educación como una nueva acción crítica, emancipadora y liberadora. Que sustente la educación en el diálogo entre iguales, e inserta en el contexto social. Una educación comprometida con las transformaciones políticas, sociales y económicas, culturales, encausada en los ejes de este proceso emancipador y revolucionario(…) quizá, de esa manera, podríamos considerar que el modelo educativo que proponemos, en efecto, contribuye de forma efectiva con la refundación nacional y promueve la participación y gestión social para la formación del nuevo republicano.

REFERENCIAS

IV Congreso Iberoamericano y del Caribe de Extensión Universitaria. (1999). “Declaración de Caracas”. UPEL. Mimeo. Caracas.

MARIÑA M., Manuel (2006). “La única forma de enfrentar al imperio es integrándonos”. El universitario. UNIVERSIDAD NACIONAL DEL NORDESTE. Consultado el 03 de octubre de 2008. Disponible en http://eluniversitario.unne.edu.ar/2006/149/pagina/entrevista.htm

PALENCIA, Javier F. 1990. “La Universidad como ideología. A propósito de la cultura universitaria y cultura acerca de una universidad”. En Universidad y Sociedad. R. Horcasitas Pozas (coord.) UNAM México. Citado por Morales G., M.A (1992) Universidad y Cultura. Revista de Educación Superior N. 81 ANUIES. México. p.143.

PRADO C., Juan Carlos (2008). La UNESR del siglo XXI. Aporrea. Consultado el 28 de septiembre de 2008. Disponible en http://www.aporrea.org/educacion/a61164.htmlurl=/

República Bolivariana de Venezuela (1999). Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Gaceta Oficial Número 36.860 del 30-12- 1999. Caracas.

República de Venezuela (1970). Ley de Universidades. Gaceta Oficial. Número 1.429. Extraordinario del 08-09-1970. Caracas.

SÁNCHEZ DE M., Mirna (2003) La Extensión universitaria en Venezuela. -EDUCERE, FORO UNIVERSITARIO AÑO 8, Nº 24, • 83-94. Consultado el 01 de octubre de 2008. Disponible en https://www.saber.ula.ve/bitstream/123456789/19847/1/articulo13.pdf. consultado 28-10-2008.

TUNERMANN, Carlos (1981). El nuevo concepto de extensión universitaria y difusión cultural y su relación con las políticas de desarrollo cultural en América Latina, en Pensamiento Universitario N.19. UNAM. México.

Unión de Universidades de América Latina UDUAL. (1957). Primera Conferencia Latinoamericana de Extensión Universitaria e Intercambio Cultural. Chile.

VALDIVIESO A., Francisco. Hacia una nueva interpretación de la Extensión Universitaria. Tópica Extensa Vicerrectorado de Extensión UPEL. Dic. Año 2. Nº 2. Venezuela

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